Bailar es un acto de desarrollo integral, de conciencia y transformación del ser humano. La danza involucra una compleja interacción de funciones del sistema nervioso que permiten al cuerpo organizar, coordinar y ejecutar movimientos, desde los más sutiles hasta los de mayor complejidad.
Pero bailar es mucho más que desarrollar habilidades físicas o alcanzar el dominio de una técnica. Es un ejercicio profundo de atención, memoria, voluntad, sensibilidad, percepción y emoción, donde los sentidos dialogan constantemente con el movimiento.
En la danza, el cuerpo no solamente ejecuta acciones: piensa, siente, recuerda, interpreta y construye conocimiento a partir de su propia experiencia. Cada movimiento representa una posibilidad de descubrirnos, de ampliar nuestra conciencia corporal y de establecer nuevas relaciones con el espacio, el tiempo y con los otros.
Bailar es, entonces, una forma de pensamiento vivo, donde el cuerpo y la mente no existen como territorios separados, sino como una unidad sensible, inteligente y creadora, capaz de transformar nuestra manera de percibir, comprender y habitar el mundo.
